Elías y el dinosaurio
En-armorarse, digo enamorarse.
Hay historias que sólo pueden ser hermosas si se terminan pronto. Por eso me siento estúpida esta noche pidiéndote que no te vayas.
Tenés los ojos redondos, nunca te lo dije, no te dije todo lo que pienso de vos. Que me encanta cuando sonreís un poquito como si explicaras algo y después ponés esa carita como preguntando si entendí. Nunca te dije que lo primero que me gustó de vos fue gustarte. Como en un juego, como en un fuego, no sé. Me gustaste porque me mirabas, porque me decías cosas. Recién ahí te miré. Y me gustaste porque tenías los ojos redondos y el pelo suave, o porque no te callabas, o porque le gustaste a alguien más, o porque tanta sinceridad junta me desbordó.
Eras una chica tan linda, tus piernas largas me mantuvieron ocupada todas las noches que dormiste a mi lado. Ojalá no se repita, ojalá pueda recordarte como esas noches para siempre, rubia. Me crecen las uñas mientras pienso en vos y me acaricio sola.
Que éramos amigos no había duda, yo era tu amiga todas las tardes entre el café tibio el jefe que nos vigilaba de a ratos, y las noches en que de vez en cuando íbamos a tomar unas cervezas y te contaba lo amarga que era mi vida, la falta que me hacía un tipo como vos.
Jugaste conmigo, jugaste conmigo, jugasteconmigonodigasqueno. Los cuatro besos que te robé aunque tu novio te llamara cada quince minutos paravercómoestabas. Jugaste conmigo y yo, me creí que lo ibas a dejar por mí.
Qué frías tenés las manos, dormite, tapate bien y dormite. No querés dormirte, sos como un nene. Arreglate un poco la camisa y andate rápido. No llegues tarde, que el subte no perdona.
Enamorarse era como un respiro. El mundo giraba demasiado rápido, las córneas se daban vuelta aunque los párpados nos hicieran creer que no pasaba nada. Los meses se nos iban cayendo encima y engañábamos a la rutina con juegos de palabras y una cajita donde guardábamos plata para el futuro. Vos al lado mío todo el tiempo, como una presencia permanente aunque nos separaran dos trenes y los horarios inversos. Aunque estudiar juntos nos garantizara sólo un sanguchito de miga por la mitad entre las 7 y las 7 y cuarto, o que duermas en una cama plegable, que te dé un beso antes de salir corriendo para no perder el colectivo. Que el sacrificio sea para algo, pensaba yo y me tapaba la cabeza con la almohada mientras me imaginaba trescientos desayunos en abrazándote. Enamorarme de vos cuando justo te enamorabas de mí, a veces nos hacía felices. Otras veces nos hacía felices soñar. Otras olvidarnos lo que soñábamos antes de estar juntos.
Las primeras veces no siempre son malas, pero todas tienen el defecto de no poder repetirse. Las primeras veces mágicas, con luces de videoclip y efecto de lluvia sin paraguas, no duran más de unas horas, a lo sumo un fin de semana largo.
Me acuerdo de vos, nena, cada vez que veo esos pájaros marsupiales en Agronomía. Y no me gusta acordarme, pero esa vez, qué lindo que fue.
El día que te diste cuenta de que ya no ibas a volver a enamorarte por primera vez, el día que supiste que no ibas a pasar nunca más por esa parte de la vida, ese día que dijiste -sin darte cuenta en voz alta- que sí igual, ese día supiste que querías que fuera para toda la vida.