Elías y el dinosaurio

Pensaba mientras veía escribir a Elías que ojalá hubiera tenido más tiempo para conocerlo. Y de paso, que ojalá hubiera tenido más espacio. Sus ojos claros y su piel más blanca parecían casi una transgresión en ese lugar. Hasta su voz y sus expresiones sonaban diferentes y aunque a nadie parecía importarle, yo me lo imaginé afuera, me lo imaginé sentado junto a los otros adolescentes que veo todos los días -esos que viven entre rejas también, pero en cárceles de lujo donde juegan a la play y se lamentan de no poder ir a navegar-.
No podíamos hacer nada, el tiempo se iba a pasar, inevitable y abstracto, y el espacio se iba a cerrar, conmigo afuera y él adentro.

Seguramente, aunque sea por un instante, él también pensó que ojalá hubiera tenido más tiempo de escribir sobre el dinosaurio enamorado, el que cuando se despertó, todavía estaba allí.