Respondo su carta con cierta indignación todavía, a causa de las cosas que ustedes me cuentan en ella. Cuando dejé el pueblo lo hice con la tranquilidad de saber que los dejaba ustedes a salvo de la exposición a las privaciones que yo tuve que pasar. Me uní al ejército para asegurar los estudios de Bernardita, y he trabajado duramente, pero con la seguridad de que seguía siendo respetado como el vecino honrado que siempre fui. Es por eso que sentí un dolor profundo al enterarme de los desagradables comentarios que se hicieron en mi ausencia. Desde ya, no creo que sea necesario en absoluto defenderme de tales acusaciones. Todos conocemos las costumbres del joven Jaimito. Él vino a visitarme la semana pasada, y como siempre lo hace me pidió dinero, seguramente para sus andanzas poco serias, único asunto del que se ocupa cuando está en la ciudad. En esta oportunidad, no se molestó siquiera en inventarse una justificación para el préstamo que solicitaba, y que, dicho sea de paso, no daba garantías de poder pagar. Tuve que rehusarme, principalmente para cuidar mi reputación, bien sé que no puedo permitir que mi dinero sea invertido en acciones ilegales, y no tenía pruebas de que las que Jaimito se proponía hacer no lo fueran.
Por supuesto, mi conducta lo ha ofendido, y se ha retirado murmurando groserías. Sin embargo, esto no provocó que yo lo imaginara capaz de divulgar semejante cantidad de mentiras ímprobas sobre mi persona, y además d ela más baja calaña. Lamento no poder acudir personalmente para hacer que se disculpe con ustedes, pero mi trabajo me lo impide. Desde allí, viviendo de sus padres y saliendo de vacaciones cuatro veces al año, para Jaimito debe ser muy fácil dejar volar la imaginación e inventarse esta clase de historias. Vaya a saber de dónde saca ese tipo de ideas.
No voy a negar que el día que visitó mi departamento, otro hombre se hallaba conmigo, pero lejos de ser lo que él dice, es un compañero de trabajo, que solamente se quedó para ayudarme a arreglar las cañerías, razón por la cual estábamos acalorados y nos vimos obligados a sacarnos las camisetas. En cuanto a lo que dice de mi ocupación, les reitero que estoy en el ejército desde hace un año, y no porque crea que tengo necesidad de probarlo, sino simplemente para que lo vean, les adjunto una foto en la que luzco mi uniforme.
Muchos saludos para todos y prometo visitarlos en navidad.
afectuosa y masculinamente
Lulú. Digo... Luis.
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