En los últimos cuarenta
y dos meses
(no sería justo contar en años)
he buscado entre el cielo y la tierra
-ya que mi corporeidad me impide ir más arriba
o más abajo-
una palabra dicha que oí al pasar,
casi de seguro salir de tus labios,
escaparse por entre tus dientes ligeramente
separados que le dan, a veces,
a tu voz ese parecido a un silbido.
La dijiste, lo recuerdo y hasta podrás repetirla
(ya que estoy seguro de que vos también
la recordás, o deberías hacerlo
lo pregunto cada día desde hacen ya…
cuarenta y dos meses)
pero no podés, aunque quisieras
–y no es que crea que querés, y no es que quiera
que quieras-
volver a ese instante mismo de sonoridad
perfecta y silbada
del tequiero que decís son dos palabras.
No tenés derecho.
Derecho de permanecer en silencio. Qué estupidez.
No tenés derecho, y el izquierdo lo tenés torcido.
Y decís, decís, decís,
y llevo treinta y tres noches en vela
esperando que digas.
Pero espero hasta que me desespero
y seguís hablando y hablando mudo.
Y tus palabras,
unidas a los objetos por hilos invisibles
me persiguen obligándome a ser
oyente
de algo que no es lo que yo espero.
1 comentario:
bella, brilla y bulle,
nada mas.
te quiere, digo.. te quiero.
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