Perú es uno de mis países preferidos, por su gente, por sus paisajes, pero particularmente por su comida. Nuestra corresponsal Jhoanna Espinoza nos ha agazajado más de una vez con su pastel peruano y otras especialidades de la casa, y hasta nos ha llevado a almorzar al restaurante enfrente del Abasto de Buenos Aires. Independientemente de que se coman a nuestras queridas mascotas cobayescas, los peruanos se han ganado un lugar en nuestro corazón.
Pero en los últimos meses la música del Perú ha avanzado en el territorio de la internet por medio de la difusión de sus videoclips de bajo presupuesto. La Tigresa del Oriente es el mayor exponente, pero la pequeña Wendy, ejemplo de sacrificio (?) con tan sólo diez años ha logrado una perfección en sus alaridos comparable a la de su contraparte argentina de los noventa, Nicole Neumann. Con sus trajes típicos y sus letras lascivas, conquistó al público de todas las edades. A esto le sumamos una trágica historia, debe ser probablemente la única niña huérfana del mundo, a juzgar por la lástima, digo ternura que inspira.
¿Qué podemos aprender los argentinos de esta criatura gritona y encantadora?
Pero en los últimos meses la música del Perú ha avanzado en el territorio de la internet por medio de la difusión de sus videoclips de bajo presupuesto. La Tigresa del Oriente es el mayor exponente, pero la pequeña Wendy, ejemplo de sacrificio (?) con tan sólo diez años ha logrado una perfección en sus alaridos comparable a la de su contraparte argentina de los noventa, Nicole Neumann. Con sus trajes típicos y sus letras lascivas, conquistó al público de todas las edades. A esto le sumamos una trágica historia, debe ser probablemente la única niña huérfana del mundo, a juzgar por la lástima, digo ternura que inspira.
¿Qué podemos aprender los argentinos de esta criatura gritona y encantadora?
Que por mucho que la critiquemos, es mucho mejor que Nicole, y menos ridícula para vestirse que Laurita Esquivel.
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