Han ocurrido algunas desgracias en los últimos meses. Natalio y yo tratamos de mantenernos unidos a pesar de todo, pero el camino se vuelve cada vez más cuesta arriba. La última semana recibimos una carta de intimación de la capital. El destinatario no era Natalio, tampoco era yo, y la dirección no correspondía a nuestro domicilio. Sin embargo, esto me alteró muchísimo. El remitente despertó en nosotros los recuerdos adormecidos de la hipoteca. Terminamos de pagarla el verano pasado y creímos que podríamos continuar nuestras vidas tranquilos, pero desde la llegada de esa carta, me asalta por las noches el fantasma de alguna cuota impaga que pasamos por alto. La casa, para colmo, parece reírse de mí en estos trances. La puerta de la cocina chilla burlona cada vez que se cierra.
Natalio me mira sin comprenderme, pero yo sé que él también tiene miedo. Se le ve en la cara que pone cuando prepara la cena o desempolva las cortinas.
Eso no es todo. Hace más de dos meses me di cuenta de que nuestro perro Bongo estaba caminando chueco. Días después nos dimos cuenta de que se le había clavado una astilla. El veterinario se la sacó por la módica suma de nueve pesos más la consulta.
Mis preocupaciones aumentaron cuando una semana más tarde, Bongo empezó a caminar con normalidad. Era obvio que se trataba de una herida interna, y dicen que cuando no hay dolor es porque el tumor es maligno. El veterinario dijo que no tenía nada y no quiso hacerle más estudios. Tengo miedo por Bongo, si supiera qué tiene...
Por las dudas estoy ahorrando, no vaya a ser que haya que operarlo de emergencia. A Natalio le molesta que no quiera hacer ningún gasto. Dice que todos estos años trabajando deberían servirnos para darnos uno que otro gusto. A veces me parece que no se diera cuenta de lo que en verdad es importante.
Mi madre no ha venido a visitarnos desde hace tres días. Tal vez algo le haya pasado. Hable por teléfono con ella anoche, y me aseguró que todo está en orden, pero con la gente mayor nunca se sabe. Y la lámpara del baño titila de a ratos, me hace pensar que toda la instalación eléctrica está mal y el día menos pensado va a terminar estallando.
Como si esto fuera poco Natalio ya no se muestra preocupado como yo. Está tan alegre con el ascenso que le dieron en el trabajo, que cree que con un aumento en los ingresos va a solucionar todos los problemas. En lo único que piensa es en sexo, y en salir, y hacerme regalos. Ojalá tuviera un marido que se preocupara por mi felicidad.
Natalio me mira sin comprenderme, pero yo sé que él también tiene miedo. Se le ve en la cara que pone cuando prepara la cena o desempolva las cortinas.
Eso no es todo. Hace más de dos meses me di cuenta de que nuestro perro Bongo estaba caminando chueco. Días después nos dimos cuenta de que se le había clavado una astilla. El veterinario se la sacó por la módica suma de nueve pesos más la consulta.
Mis preocupaciones aumentaron cuando una semana más tarde, Bongo empezó a caminar con normalidad. Era obvio que se trataba de una herida interna, y dicen que cuando no hay dolor es porque el tumor es maligno. El veterinario dijo que no tenía nada y no quiso hacerle más estudios. Tengo miedo por Bongo, si supiera qué tiene...
Por las dudas estoy ahorrando, no vaya a ser que haya que operarlo de emergencia. A Natalio le molesta que no quiera hacer ningún gasto. Dice que todos estos años trabajando deberían servirnos para darnos uno que otro gusto. A veces me parece que no se diera cuenta de lo que en verdad es importante.
Mi madre no ha venido a visitarnos desde hace tres días. Tal vez algo le haya pasado. Hable por teléfono con ella anoche, y me aseguró que todo está en orden, pero con la gente mayor nunca se sabe. Y la lámpara del baño titila de a ratos, me hace pensar que toda la instalación eléctrica está mal y el día menos pensado va a terminar estallando.
Como si esto fuera poco Natalio ya no se muestra preocupado como yo. Está tan alegre con el ascenso que le dieron en el trabajo, que cree que con un aumento en los ingresos va a solucionar todos los problemas. En lo único que piensa es en sexo, y en salir, y hacerme regalos. Ojalá tuviera un marido que se preocupara por mi felicidad.
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