Querida Julia:

Hace meses que no hago otra cosa que pensar en vos. Tu nombre se forma hasta con los fideos de la sopa, y eso que compré moñitos. No me puedo concentrar en nada y me da tanta tristeza no tenerte cerca mío para poder decirte que ya no te quiero más, que no significás nada para mí, que no quiero volverte a hablar nunca. Terminaste con la relación de manera tan abrupta e inesperada que no me diste oportunidad de decirte que ya no te soportaba, que me rompías las pelotas con tus intentos de hablar conmigo, con tus ganas de entenderme.


Ya no podía verte más con esa carita de inocente, con esos ojitos bonitos y esa sonrisa que tan feliz me hacía, y que nunca pude encontrar en otra chica. Estos cuarenta y tres meses han sido los más duros, porque no puedo abrazarte y volver a sentir tu cuerpo contra el mío, porque no puedo escucharte, con esa voz preciosa que me taladraba la cabeza, porque no te callabas nunca, mujer, hablabas sin parar, querías saber todo, querías contar todo. ¿Y ahora?


Ya van dieciséis meses que no me respondés el teléfono, y a veces, pienso que tal vez te mudaste y cambiaste el número, entonces no puedo reprocharte que no atiendas. Pero podrías haber tenido la delicadeza de avisarme que te mudabas, ¿no? Uno no puede pretender que los demás adivinen que tiene otro teléfono. Siempre fuiste un poquito distraída, pero igual ese aire despistado en tu mirada, te quedaba bien, y me gustaba, como cuando te olvidabas algo y me preguntabas. Vivías preguntando, preguntando, que cómo me sentía, que cómo me había ido, que si necesitaba algo... Nena, conseguite una vida...

A mí me hubiera gustado verte una vez más, y decirte todo esto, pero ¿sabés qué?: mejor que no te lo dije, porque seguro no me hubieras entendido, porque nunca prestás atención a nada, porque no te importa, no te importa nada.


Y decías que el loco era yo. Pero por qué no te dejás de joder.
Mirá, no sé ni si la voy a mandar la carta.

Te quiere


Lucas.

No hay comentarios: